Crianza o embarazo con un trastorno por uso de sustancias: historias reales de lucha, apoyo y recuperación


Estar embarazada o cuidar de un bebé recién nacido puede traer muchas emociones: alegría, miedo, esperanza y, a veces, dolor. Si usted es madre o está embarazada y tiene un trastorno por uso de sustancias, es posible que se sienta asustada, juzgada o insegura. No está sola, y merece apoyo, no vergüenza.

Un estudio reciente analizó a mujeres como usted: personas embarazadas o en período de lactancia que también estaban lidiando con el consumo de sustancias.1 El estudio buscaba comprender cómo ayudar a las madres en esta situación a sentirse más seguras y apoyadas.

Esto fue lo que encontraron los investigadores y cómo puede ayudarle a dar el siguiente paso hacia la recuperación.

Lo que encontró el estudio 

Los investigadores entrevistaron a 35 mujeres con trastorno por uso de sustancias que estaban embarazadas o criando hijos y participaban en un programa de tratamiento en Virginia Occidental. A las mujeres se les preguntó sobre su infancia, cómo era ser madre y cómo el consumo de sustancias podría haber afectado la vida de sus hijos.

Los investigadores descubrieron que muchas de las madres habían experimentado:

Estas mujeres fueron abiertas y sinceras sobre sus luchas, y sus historias ayudaron a revelar algunas verdades importantes:

1. La lucha entre ser madre y recuperarse

Durante el embarazo y después del parto, muchas madres del estudio se sentían muy preocupadas por cómo el consumo de drogas podría haber afectado a sus bebés. Para muchas de ellas, esta preocupación despertó un fuerte deseo de dejar de consumir sustancias de inmediato.

Muchas dijeron que sintieron una necesidad intensa de dejar las drogas cuando descubrieron que estaban embarazadas. Algunas incluso lograron hacerlo de inmediato. Una madre compartió:

“En cuanto vi en la prueba que estaba embarazada, tenía una bola de metanfetamina y la tiré al inodoro. Estaba decidida. Y no volví a consumir nada.”

Otras encontraron mucho más difícil dejar de consumir, aunque realmente querían hacerlo:

“No tenía idea de qué iba a hacer, porque no es realista pensar que una persona simplemente puede dejarlo y no volver a hacerlo. Cuando has vivido con una adicción activa e intermitente durante 14 años, sabes que eso no es cierto. Y odio decir esto porque nunca me vi como alguien que consumiría drogas estando embarazada. Pero descubrí que, aunque estuviera embarazada y lo supiera, a esa enfermedad —la adicción— no le importa.”

Algunas mujeres dijeron que buscaron tratamiento el momento que supieron que estaban embarazadas porque querían proteger a su bebé. Una madre explicó que temía que dejarlo de golpe pudiera hacerle daño al bebé:

“Me preocupaba que, si dejaba de consumir, pudiera sufrir un aborto espontáneo.”

Las mujeres dijeron que tenían miedo de pedir ayuda porque pensaban que serían avergonzadas o que les quitarían a sus bebés. Tristemente, muchas ya habían vivido ese tipo de trato por parte de médicos o familiares.

2. Cuando es difícil ser la madre que usted quiere ser

Muchas madres del estudio compartieron lo difícil que era estar plenamente presentes para sus hijos mientras consumían drogas. Dijeron que, aunque podían darles comida, ropa y un lugar donde vivir, era difícil ofrecerles el amor y la atención emocional que necesitaban.

Una madre lo explicó así:

“Cuando no tenía drogas, me sentía enferma y sin paciencia. O estaba tan cansada por tomar pastillas que ni siquiera podía levantarme de la cama. Pensaba que lo estaba haciendo bien —estaba ahí físicamente— pero no con el corazón ni con la mente. No era la mamá que ellos merecían.”

Las madres no se sentían así porque no les importaban sus hijos. De hecho, deseaban profundamente ser buenas madres. Pero la adicción consumía todos sus pensamientos. Muchas dijeron que pasaban tanto tiempo pensando en cómo conseguir más drogas y evitar el síndrome de abstinencia que no podían concentrarse en nada más.

Una madre compartió:

“No cocinaba. No limpiaba. No pasaba tiempo con mis hijos. Solo pensaba en conseguir heroína. Eso era lo único en mi mente.”

La mayoría de las mujeres también dijeron que no querían que sus hijos las vieran consumir drogas. Para protegerlos, se escondían en otra habitación o dejaban a sus hijos con familiares mientras consumían. Una madre dijo:

“Una madre no debería estar encerrada en el baño drogándose mientras sus hijos están en la habitación de al lado pintando. Ese nunca fue el tipo de madre que quería ser.”

3. Ser madre mientras se enfrenta al sistema legal

Muchas madres del estudio dijeron que trabajar con los servicios de protección infantil (CPS, por sus siglas en inglés), los tribunales y otros programas gubernamentales hacía que la crianza fuera aún más difícil. Algunas perdieron la custodia de sus hijos. Otras se sentían abrumadas por todas las reglas y pasos que tenían que seguir para mantener o recuperar a sus hijos.

Muchas madres compartieron que el proceso a menudo parecía confuso e injusto. Algunas dijeron que las reglas cambiaban dependiendo del trabajador social o del juez que tuviera el caso, y que las relaciones personales a veces mejoraban —o empeoraban— la situación.

Para recuperar a sus hijos después de perder la custodia, las madres tenían que cumplir una larga lista de requisitos. Pero cuando ya están lidiando con el consumo de sustancias, cuentan con escaso apoyo y enfrentan desafíos cotidianos, esos pasos pueden parecer casi imposibles.

“Tiene que pasar por un obstáculo, luego otro y otro más, solo para recuperar a su hijo. Cuando está luchando con una adicción, todo parece fuera de su alcance.”

Otras compartieron lo difícil que era obtener ayuda incluso para necesidades básicas como la comida y la vivienda. Una madre dijo:

“Incluso me dijeron en un momento que ganaba tres centavos de más para recibir apoyo… y lo único que quería eran cupones de alimentos para asegurarme de tener comida para los niños.”

Estas experiencias hicieron que muchas madres sintieran que el sistema trabajaba en su contra en lugar de ayudarlas a convertirse en las madres que querían ser.

4. Cuando les quitan a los hijos

Muchas madres del estudio hablaron de lo doloroso que fue que los servicios de protección infantil Child Protective Services les quitaran a sus hijos o de vivir con el miedo de que eso pudiera ocurrir. Algunas madres dijeron que optaron por dejar que un familiar cuidara de sus hijos antes de que interviniera CPS, con la esperanza de protegerlos. Pero otras compartieron que CPS retiró a sus hijos de forma repentina y que no siempre parecía enfocarse en mantener a las familias unidas ni en asegurar el bienestar del niño.

Perder a un hijo fue profundamente doloroso para muchas madres. Las dejó devastadas y, a veces, sin esperanza. Cuando perdieron la custodia —especialmente si les retiraron por completo los derechos parentales— algunas sintieron que ya no había razón para seguir intentando mantener la abstinencia.

Para las madres que pudieron recuperar a sus hijos, no siempre fue fácil. Tuvieron que volver a adaptarse a la crianza mientras se mantenían sobrias. Eso podía ser muy difícil, especialmente si el niño había estado lejos durante mucho tiempo o tenía sus propios sentimientos sobre la separación.

Una madre compartió:

“Hay intervención de CPS y los hijos se van. Y luego, cuando regresan, usted no ha sido madre durante uno o dos años o más. Entonces está con este niño y hay muchos problemas de disciplina.”

5. Cómo el consumo de sustancias afectó a sus hijos

Muchas madres del estudio dijeron que creían que su consumo de sustancias había afectado seriamente a sus hijos de diferentes maneras: emocionalmente, físicamente e incluso económicamente.

Una madre compartió lo difícil que era pensar en lo que sus hijos habían presenciado:

“Me vieron en mi peor momento. Nunca tuve una sobredosis frente a ellos, pero sí me quedaba dormida por las drogas. Estuve tan drogada que olvidé alimentarlos. Es difícil decirlo en voz alta, pero es la verdad.”

Algunas madres dijeron que el consumo de drogas provocó problemas económicos que afectaron las necesidades básicas de sus hijos. Otras hablaron de cambios en su estado de ánimo: se volvían más enojadas o impacientes, especialmente cuando no podían conseguir drogas. Esto dificultaba aún más la crianza.

Muchas madres dijeron que sus hijos crecieron en hogares donde veían personas consumiendo drogas, sufriendo sobredosis o siendo violentas. Algunos niños incluso fueron lastimados por otras personas en la casa que también consumían drogas.

Muchas madres dijeron que no se dieron cuenta de todo lo que sus hijos habían vivido hasta años después, cuando finalmente los niños se lo contaron. Sintieron una profunda culpa y querían asumir la responsabilidad. También esperaban reconstruir sus relaciones de una manera que hiciera que sus hijos se sintieran seguros y cómodos.

Algunas madres compartieron que otras personas decían cosas terribles sobre ellas delante de sus hijos, insultándolas y juzgándolas. Esto causó confusión y dolor emocional en los niños. Una madre explicó cómo su hija fue afectada después de verla sufrir una sobredosis:

“Nadie la ayudó a superar eso. Solo le decían que yo era una drogadicta y una mala persona. Así que nunca la ayudaron a atravesar eso. Por eso ella está sufriendo por dentro.”

Usted merece amabilidad y cuidado 

Si usted está embarazada o amamantando y consume sustancias, puede ser que sienta que las personas la están juzgando o que no hay salida. Pero hay ayuda disponible y la recuperación es posible.

Usted no es una mala madre. Usted es una persona que está luchando y merece apoyo, no vergüenza. 

Formas de afrontar la situación y comenzar a sanar 

A continuación se presentan algunas formas de cuidarse a sí misma y a su bebé mientras trabaja en su proceso de recuperación.

Hable con alguien en quien confíe

Busque un médico, enfermero, trabajador social o consejero que la escuche sin juzgarla. Existen profesionales capacitados para ayudar sin avergonzar.

 Busque programas que ayuden a madres y bebés juntos.

Algunos programas de tratamiento permiten que las madres permanezcan con sus bebés mientras se recuperan. Se llaman “programas madre-bebé” o “tratamiento centrado en la familia”.

Sea amable con usted misma

La recuperación no siempre es un camino recto. Habrá días difíciles, pero cada paso hacia adelante importa.

Pregunte sobre maneras seguras de amamantar

Si desea amamantar, hable con su proveedor de salud. Algunas sustancias o medicamentos pueden afectar la lactancia, pero otras no. Juntos pueden hacer un plan.

Conéctese con otras madres en recuperación

No está sola. Los grupos de apoyo (en línea o presenciales) pueden ayudarle a sentirse más fuerte y menos aislada.

Intente pequeñas actividades de autocuidado

Incluso solo 5 minutos al día para descansar, respirar profundamente o escuchar música relajante pueden ayudarle a sentir más control.

Su salud y la salud de su bebé importan, pero también importa su bienestar como persona. Usted merece una oportunidad para sanar, criar a sus hijos y volver a sentir esperanza.

Si alguna vez se siente estancada o insegura, comuníquese con nuestra línea de ayuda Baby Steps enviando un mensaje de texto con la palabra BEBE al 55753. Nuestros especialistas están listos para ayudarle con cariño y sin juzgarle.